Cristo El Camino

Plan Encuentro 1 Día 251

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Lectura bíblica

Mateo 21:17-22; Marcos 11:11-14, 20-26

Mateo 21:17-22

17 Los dejó y salió fuera de la ciudad a Betania, y se alojó allí. 18 Volviendo a la ciudad por la mañana, él tuvo hambre. 19 Al ver una higuera en el camino, fue a ella; pero no encontró nada en ella sino sólo hojas, y le dijo: --Nunca jamás brote fruto de ti. Pronto se secó la higuera, 20 y los discípulos, al verlo, se maravillaron diciendo: --¿Cómo se secó tan pronto la higuera? 21 Jesús respondió y les dijo: --De cierto os digo que si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si decís a este monte: "Quítate y arrójate al mar", así será. 22 Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.

Marcos 11:11-14

11 Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, y habiendo mirado todo en derredor, como la hora ya era tarde, salió para Betania con los doce. 12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. 13 Y viendo desde lejos una higuera que tenía hojas, se acercó para ver si hallara en ella algo. Cuando vino a ella, no encontró nada sino hojas, porque no era tiempo de higos. 14 Entonces Jesús dijo a la higuera: "¡Nunca jamás coma nadie de tu fruto!" Y lo oyeron sus discípulos.

Marcos 11:20-26

20 Por la mañana, pasando por allí vieron que la higuera se había secado desde las raíces. 21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: --Rabí, he aquí la higuera que maldijiste se ha secado. 22 Respondiendo Jesús les dijo: --Tened fe en Dios. 23 De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: "Quítate y arrójate al mar", y que no dude en su corazón, sino que crea que será hecho lo que dice, le será hecho. 24 Por esta razón os digo que todo por lo cual oráis y pedís, creed que lo habéis recibido, y os será hecho. 25 Y cuando os pongáis de pie para orar, si tenéis algo contra alguien, perdonadle, para que vuestro Padre que está en los cielos también os perdone a vosotros vuestras ofensas. 26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.

Versión Reina Valera Actualizada

Lectura del libro

El Deseado de Todas las Gentes, página 533

Capítulo 64—Un pueblo condenado

Este capítulo está basado en Marcos 11:11-14, 20, 21; Mateo 21:17-19.

La entrada triunfal de Cristo en Jerusalén era una débil representación de su venida en las nubes del cielo con poder y gloria, entre el triunfo de los ángeles y el regocijo de los santos. Entonces se cumplirán las palabras de Cristo a los sacerdotes y fariseos: “Desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.”Mateo 23:39. En visión profética se le mostró a Zacarías ese día de triunfo final; y él contempló también la condenación de aquellos que rechazaron a Cristo en su primer advenimiento: “Mirarán a mí, a quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito.”Zacarías 12:10. Cristo previó esta escena cuando contempló la ciudad y lloró sobre ella. En la ruina temporal de Jerusalén, vió la destrucción final de aquel pueblo culpable de derramar la sangre del Hijo de Dios.

Los discípulos veían el odio de los judíos por Cristo, pero no veían adónde los conduciría. No comprendían todavía la verdadera condición de Israel, ni la retribución que iba a caer sobre Jerusalén. Cristo se lo reveló mediante una significativa lección objetiva.

La última súplica a Jerusalén había sido hecha en vano. Los sacerdotes y gobernantes habían oído la antigua voz profética repercutir en la multitud en respuesta a la pregunta: “¿Quién es éste?” pero no la aceptaban como voz inspirada. Con ira y asombro, trataron de acallar a la gente. Había funcionarios romanos en la muchedumbre, y ante éstos denunciaron sus enemigos a Jesús como el cabecilla de una rebelión. Le acusaron de querer apoderarse del templo y reinar como rey en Jerusalén.

Pero la serena voz de Jesús acalló por un momento la muchedumbre clamorosa al declarar que no había venido para establecer un reino temporal; pronto iba a ascender a su Padre,

El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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