Cristo El Camino

Plan Encuentro 1 Día 225

Día 225 ▾
Aa
Tamaño Letra Tema

Lectura bíblica

Lucas 17:20-22

Lucas 17:20-22

20 Y cuando los fariseos le preguntaron acerca de cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió diciendo: --El reino de Dios no vendrá con advertencia. 21 No dirán: "¡Mirad, aquí está!" o "¡Allí está!" Porque el reino de Dios está en medio de vosotros. 22 Dijo a sus discípulos: --Vendrá el tiempo cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre y no lo veréis.

Versión Reina Valera Actualizada

Lectura del libro

El Deseado de Todas las Gentes, páginas 467-468

Capítulo 55—Sin manifestación exterior

Este capítulo está basado en Lucas 17:20-22.

Algunos de los fariseos habían venido a Jesús y le habían preguntado “cuándo había de venir el reino de Dios.” Habían pasado más de tres años desde que Juan el Bautista diera el mensaje que a manera de toque de trompeta había repercutido por el país: “Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.”Mateo 3:2. Y sin embargo los fariseos no veían señal alguna del establecimiento del reino. Muchos de aquellos que habían rechazado a Juan y que a cada paso se habían opuesto a Jesús, estaban insinuando que su misión había fracasado.

Jesús contestó: “El reino de Dios no vendrá con advertencia [manifestación exterior, V.M.] ni dirán: Helo aquí, o helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.” El reino de Dios principia en el corazón. No busquéis aquí o allí manifestaciones de poder terrenal que señalen su comienzo.

“Tiempo vendrá—dijo dirigiéndose a sus discípulos,—cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.” Por cuanto no va acompañada de pompa mundanal, estáis en peligro de no discernir la gloria de mi misión. No comprendéis cuán grande es vuestro presente privilegio de tener entre vosotros, aunque velado por la humanidad, al que es la vida y la luz de los hombres. Vendrán días en que miraréis retrospectivamente y con ansia las oportunidades que ahora disfrutáis, de andar y hablar con el Hijo de Dios.

Por causa de su egoísmo y mundanalidad, ni los discípulos de Jesús podían comprender la gloria espiritual que él procuraba revelarles. No fué sino hasta después de la ascensión de Cristo al Padre y del derramamiento del Espíritu Santo sobre los creyentes, cuando los discípulos apreciaron plenamente el carácter y la misión del Salvador. Después de recibir el bautismo del Espíritu, comenzaron a comprender que habían estado en la misma presencia del Señor de gloria. A medida que les eran recordados los dichos de Cristo, sus mentes se

abrían para comprender las profecías y entender los milagros obrados por él. Las maravillas de su vida pasaban delante de ellos y parecían hombres que despertaban de un sueño. Comprendían que “aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”Juan 1:14. En realidad, Cristo había venido de Dios a un mundo lleno de pecado para salvar a los caídos hijos e hijas de Adán. Los discípulos se consideraron entonces de mucho menor importancia que antes de haber comprendido esto. Nunca se cansaban de referir las palabras y obras del Señor. Sus lecciones, que sólo habían entendido obscuramente, pareciéronles una nueva revelación. Las Escrituras llegaron a ser para ellos un libro nuevo.

Mientras los discípulos escudriñaban las profecías que testificaban de Cristo, llegaron a estar en comunión con la divinidad, y aprendieron de Aquel que había ascendido al cielo a terminar la obra que había empezado en la tierra. Reconocieron que había en él un conocimiento que ningún ser humano podía comprender sin ayuda de la intervención divina. Necesitaban la ayuda de Aquel que había sido predicho por reyes, profetas y justos. Con asombro leían y volvían a leer las profecías que delineaban su carácter y su obra. ¡Cuán vagamente habían comprendido las escrituras proféticas; cuán lentos habían sido para recibir las grandes verdades que testificaban de Cristo! Mirándole en su humillación, mientras andaba como hombre entre los hombres, no habían comprendido el misterio de su encarnación, el carácter dual de su naturaleza. Sus ojos estaban velados, de manera que no reconocían plenamente la divinidad en la humanidad. Pero después que fueron iluminados por el Espíritu Santo, ¡cuánto anhelaban volverle a ver y sentarse a sus pies! ¡Cuánto deseaban acercarse a él y que les explicase las Escrituras que no podían comprender! ¡Cuán atentamente escucharían sus palabras! ¿Qué había querido decir Cristo cuando dijo: “Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar”?Juan 16:12. ¡Cuán ávidos estaban de saberlo todo! Les apenaba que su fe hubiese sido tan débil, que sus ideas se hubiesen apartado tanto de la verdad que habían dejado de comprender la realidad.

Había sido enviado por Dios un heraldo que proclamase

El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

Abrir en su propia página