Cristo El Camino
Plan Encuentro 1 Día 17
Este plan no está iniciado. Marca la lectura como leída para iniciarlo desde hoy.
Lectura del libro
El Deseado de Todas las Gentes, páginas 38-40
Así sucede todavía. Pasan inadvertidos para los dirigentes religiosos y para los que adoran en la casa de Dios, acontecimientos en los cuales se concentra la atención de todo el cielo. Los hombres reconocen a Cristo en la historia mientras se apartan del Cristo viviente. El Cristo que en su Palabra invita a la abnegación, el que está en los pobres y dolientes que suplican ayuda, en la causa justa que entraña pobreza, trabajos y oprobio, no es recibido más ávidamente hoy que hace mil ochocientos años.
María reflexionó en la amplia y profunda profecía de Simeón. Mientras miraba al niño que tenía en sus brazos, y recordaba las palabras de los pastores de Belén, rebosaba de gozo agradecido y alegre esperanza. Las palabras de Simeón le recordaban las declaraciones proféticas de Isaías: “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.... Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus riñones.” “El pueblo que andaba en tinieblas vió gran luz: los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.... Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”Isaías 11:1-5; 9:2-6.
Sin embargo, María no entendía la misión de Cristo. En su profecía, Simeón lo había denominado luz que iba a ser revelada a los gentiles, y gloria de Israel. Así también los ángeles habían anunciado el nacimiento de Cristo como nuevas de gozo para todos los pueblos. Dios estaba tratando de corregir el estrecho concepto de los judíos respecto de la obra del Mesías. Deseaba que le contemplasen, no sólo como el libertador de Israel, sino como Redentor del mundo. Pero debían transcurrir muchos años antes de que la madre de Jesús comprendiese la misión de él.
María esperaba el reinado del Mesías en el trono de David, pero no veía el bautismo de sufrimiento por cuyo medio debía ganarlo. Simeón reveló el hecho de que el Mesías no iba a encontrar una senda expedita por el mundo. En las palabras dirigidas a María: “Una espada traspasará tu alma,” Dios, en
su misericordia, dió a conocer a la madre de Jesús la angustia que por él ya había empezado a sufrir.
“He aquí—había dicho Simeón,—éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal a la que será contradicho.” Deben caer los que quieren volverse a levantar. Debemos caer sobre la Roca y ser quebrantados, antes que podamos ser levantados en Cristo. El yo debe ser destronado, el orgullo debe ser humillado, si queremos conocer la gloria del reino espiritual. Los judíos no querían aceptar la honra que se alcanza por la humillación. Por lo tanto, no quisieron recibir a su Redentor. Fué una señal contradicha.
“Para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.” A la luz de la vida del Salvador, el corazón de cada uno, aun desde el Creador hasta el príncipe de las tinieblas, será revelado. Satanás presentaba a Dios como un ser egoísta y opresor, que lo pedía todo y no daba nada, que exigía el servicio de sus criaturas para su propia gloria, sin hacer ningún sacrificio para su bien. Pero el don de Cristo revela el corazón del Padre. Testifica que los pensamientos de Dios hacia nosotros son “pensamientos de paz, y no de mal.”Jeremías 29:11. Declara que aunque el odio que Dios siente por el pecado es tan fuerte como la muerte, su amor hacia el pecador es más fuerte que la muerte. Habiendo emprendido nuestra redención, no escatimará nada, por mucho que le cueste, de lo que sea necesario para la terminación de su obra. No se retiene ninguna verdad esencial para nuestra salvación, no se omite ningún milagro de misericordia, no se deja sin empleo ningún agente divino. Se acumula un favor sobre otro, una dádiva sobre otra. Todo el tesoro del cielo está abierto a aquellos a quienes él trata de salvar. Habiendo reunido las riquezas del universo, y abierto los recursos de la potencia infinita, lo entrega todo en las manos de Cristo y dice: Todas estas cosas son para el hombre. Usalas para convencerlo de que no hay mayor amor que el mío en la tierra o en el cielo. Amándome hallará su mayor felicidad.
En la cruz del Calvario, el amor y el egoísmo se encontraron frente a frente. Allí fué hecha su manifestación culminante. Cristo había vivido tan sólo para consolar y bendecir, y al darle muerte, Satanás manifestó la perversidad de su odio contra Dios. Hizo evidente que el propósito verdadero de su rebelión
era destronar a Dios, y destruir a Aquel por quien el amor de Dios se manifestaba.
Por la vida y la muerte de Cristo, los pensamientos de los hombres son puestos en evidencia. Desde el pesebre hasta la cruz, la vida de Jesús fué una vocación de entrega de sí mismo, y de participación en los sufrimientos. Reveló los propósitos de los hombres. Jesús vino con la verdad del cielo, y todos los que escucharon la voz del Espíritu Santo fueron atraídos a él. Los que se adoraban a sí mismos pertenecían al reino de Satanás. En su actitud hacia Cristo, todos iban a demostrar en qué lado estaban. Y así cada uno pronuncia juicio sobre sí mismo.
En el día del juicio final, cada alma perdida comprenderá la naturaleza de su propio rechazamiento de la verdad. Se presentará la cruz y toda mente que fué cegada por la transgresión verá su verdadero significado. Ante la visión del Calvario con su Víctima misteriosa, los pecadores quedarán condenados. Toda excusa mentirosa quedará anulada. La apostasía humana aparecerá en su odioso carácter. Los hombres verán lo que fué su elección. Toda cuestión de verdad y error en la larga controversia quedará entonces aclarada. A juicio del universo, Dios quedará libre de toda culpa por la existencia o continuación del mal. Se demostrará que los decretos divinos no son accesorios al pecado. No había defecto en el gobierno de Dios, ni causa de desafecto. Cuando los pensamientos de todos los corazones sean revelados, tanto los leales como los rebeldes se unirán para declarar: “Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? ... Porque tus juicios son manifestados.”Apocalipsis 15:3, 4.
El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White