Cristo El Camino

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Lectura del libro

El Deseado de Todas las Gentes, páginas 272-274

les trae la enemistad del mundo. Ellos llevan el oprobio de Cristo, andan por la senda en que anduvieron los más nobles de la tierra. Deben, pues, arrostrar la persecución, no con tristeza, sino con regocijo. Cada prueba de fuego es un agente que Dios usa para refinarlos. Cada una de ellas los prepara para su obra de colaboradores suyos. Cada conflicto tiene su lugar en la gran batalla por la justicia, y aumentará el gozo de su triunfo final. Teniendo esto en vista, la prueba de su fe y paciencia será alegremente aceptada más bien que temida y evitada. Ansiosos de cumplir su obligación para con el mundo y fijando su deseo en la aprobación de Dios, sus siervos han de cumplir cada deber, sin tener en cuenta el temor o el favor de los hombres.

“Vosotros sois la sal de la tierra,” dijo Jesús. No os apartéis del mundo a fin de escapar a la persecución. Habéis de morar entre los hombres, para que el sabor del amor divino pueda ser como sal que preserve al mundo de la corrupción.

Los corazones que responden a la influencia del Espíritu Santo, son los conductos por medio de los cuales fluye la bendición de Dios. Si los que sirven a Dios fuesen quitados de la tierra, y su Espíritu se retirase de entre los hombres, este mundo quedaría en desolación y destrucción, como fruto del dominio de Satanás. Aunque los impíos no lo saben, deben aun las bendiciones de esta vida a la presencia, en el mundo, del pueblo de Dios, al cual desprecian y oprimen. Si los cristianos lo son de nombre solamente, son como la sal que ha perdido su sabor. No tienen influencia para el bien en el mundo, y por su falsa representación de Dios son peores que los incrédulos del mundo.

“Vosotros sois la luz del mundo.” Los judíos pensaban limitar los beneficios de la salvación a su propia nación; pero Cristo les demostró que la salvación es como la luz del sol. Pertenece a todo el mundo. La religión de la Biblia no se ha de limitar a lo contenido entre las tapas de un libro, ni entre las paredes de una iglesia. No ha de ser sacada a luz ocasionalmente para nuestro beneficio, y luego guardarse de nuevo cuidadosamente. Ha de santificar la vida diaria, manifestarse en toda transacción comercial y en todas nuestras relaciones sociales.

El verdadero carácter no se forma desde el exterior, para revestirse uno con él; irradia desde adentro. Si queremos conducir a otros por la senda de la justicia, los principios de la justicia deben ser engastados en nuestro propio corazón. Nuestra profesión de fe puede proclamar la teoría de la religión, pero es nuestra piedad práctica la que pone de relieve la palabra de verdad. La vida consecuente, la santa conversación, la integridad inquebrantable, el espíritu activo y benévolo, el ejemplo piadoso, tales son los medios por los cuales la luz es comunicada al mundo.

Jesús no se había espaciado en las especificaciones de la ley, pero no quería dejar que sus oyentes sacasen la conclusión de que había venido para poner de lado sus requerimientos. Sabía que había espías listos para valerse de toda palabra que pudiese ser torcida para servir su propósito. Conocía el prejuicio que existía en la mente de muchos de sus oyentes, y no dijo nada que pudiese perturbar su fe en la religión y las instituciones que les habían sido confiadas por medio de Moisés. Cristo mismo había dado la ley moral y la ceremonial. No había venido para destruir la confianza en sus propias instrucciones. A causa de su gran reverencia por la ley y los profetas, procuraba abrir una brecha en la muralla de los requerimientos tradicionales que rodeaban a los judíos. Mientras trataba de poner a un lado sus falsas interpretaciones de la ley, puso a sus discípulos en guardia contra la renuncia a las verdades vitales confiadas a los hebreos.

Los fariseos se jactaban de su obediencia a la ley; pero conocían tan poco de sus principios por la práctica diaria, que para ellos las palabras del Salvador eran como una herejía. Mientras él barría las inmundicias bajo las cuales la verdad había estado enterrada, los circunstantes pensaban que barría la verdad misma. Se murmuraban unos a otros que estaba despreciando la ley, pero él leyó sus pensamientos, y les dijo:

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir.” Así refutó Jesús el cargo de los fariseos. Su misión en este mundo consistía en vindicar los sagrados derechos de aquella ley que ellos le acusaban de violar. Si la ley de Dios hubiese podido cambiarse o abrogarse, Cristo no habría necesitado sufrir las

consecuencias de nuestra transgresión. El vino para explicar la relación de la ley con el hombre, e ilustrar sus preceptos por su propia vida de obediencia.

Dios nos ha dado sus santos preceptos porque ama a la humanidad. Para escudarnos de los resultados de la transgresión, nos revela los principios de la justicia. La ley es una expresión del pensamiento de Dios: cuando se recibe en Cristo, llega a ser nuestro pensamiento. Nos eleva por encima del poder de los deseos y tendencias naturales, por encima de las tentaciones que inducen a pecar. Dios desea que seamos felices, y nos ha dado los preceptos de la ley para que obedeciéndolos tengamos gozo. Cuando en ocasión del nacimiento de Jesús los ángeles cantaron:

“Gloria en las alturas a Dios,
Y en la tierra paz, buena voluntad
para con los hombres,”Lucas 2:14.

declararon los principios de la ley que él había venido a magnificar y honrar.

Cuando la ley fué proclamada desde el Sinaí, Dios hizo conocer a los hombres la santidad de su carácter, para que por el contraste pudiesen ver cuán pecaminoso era el propio. La ley fué dada para convencerlos de pecado, y revelar su necesidad de un Salvador. Haría esto al ser aplicados sus principios al corazón por el Espíritu Santo. Todavía tiene que hacer esta obra. En la vida de Cristo son aclarados los principios de la ley; y al tocar el corazón el Espíritu Santo de Dios, al revelar la luz de Cristo a los hombres la necesidad que ellos tienen de su sangre purificadora y de su justicia justificadora, la ley sigue siendo un agente para atraernos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe. “La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma.”Salmos 19:7.

“Hasta que perezca el cielo y la tierra—dijo Jesús,—ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.” El sol que brilla en los cielos, la sólida tierra sobre la cual moramos, testifican para Dios que su ley es inmutable y eterna. Aunque ellos pasen, los preceptos divinos permanecerán. “Más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley.”Lucas 16:17. El sistema típico que prefiguraba a Cristo como el Cordero de Dios, iba a ser abolido cuando

El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White

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